Porque siento que encontré la unión de todas mis partes.


Por un lado lo físico: fui desde muy chiquita apasionada por los deportes, practiqué varios, gracias a esto soy muy consciente del control de mi cuerpo.


La parte espiritual: también es algo que me fascina, soy una persona muy sensible a todo, y en la espiritualidad encuentro respuestas que con la ciencia no llego.


La parte mental: mi gran desafío, porque al ser muy sensible/emocional me costó mucho tiempo darme cuenta que la mente bien entrenada con disciplina, orden y constancia puede ser tu mejor aliada, sabiendo que es todos los días y para siempre, el estar consciente de las fluctuaciones de esta y enfocar una y otra vez en lo importante, sin dejar que se vaya por las ramas (como un mono) ni se desboque (como un caballo), porque sí al fin y al cabo una mente sin entrenamiento termina simplemente actuando como un animal.


Estoy infinitamente agradecida de haberme cruzado con el Yoga hace seis años, que no son nada pero en el transitar me cambiaron la vida para siempre.

Soy feliz todos los días de mi vida y eso es en gran parte a esta disciplina que es tan espiritual como científica.
O sea para mí es todo lo que está bien, claramente la considero mi medicina y me encantaría que todos puedan encontrar su medicina en la práctica que sea y sean felices porque tengo la certeza que existe una para todos y claramente no tiene porque ser la misma.


Hoy poder enseñar Yoga como instructora me llena el alma y ensancha el corazón, cuando veo a mis alumnos tomándose una parte de su tiempo para la práctica y conectarse aunque sea de a ratitos con ellos mismos es: felicidad, emoción e infinita gratitud.

Si existe una palabra siguiente a GRACIAS bueno… esa es la que aplica a todo esto.

Elena Piegas.

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